¿Por qué el frío despierta las ganas de comer? ¿Hambre o antojo?

Con la llegada del frío, es común que aumenten las ganas de consumir pan dulce, chocolate y bebidas calientes. Sin embargo, este comportamiento no siempre responde a una mayor necesidad de energía, sino también a cambios en el sueño, los horarios, la actividad física y la exposición a la luz.
De acuerdo con Daniela Beas Magdaleno, especialista en Nutrición Clínica, aunque las bajas temperaturas pueden incrementar ligeramente el gasto energético del organismo, esto no significa que sea necesario comer mucho más durante el otoño y el invierno.
La especialista explica que es importante distinguir entre hambre física, apetito y antojo. El hambre responde a una necesidad fisiológica de energía, mientras que el apetito se relaciona con el deseo de comer y el antojo suele enfocarse en un alimento específico.
Para mantener una alimentación equilibrada, recomienda priorizar alimentos con fibra y proteínas, ya que contribuyen a prolongar la sensación de saciedad. Una alternativa es combinar avena con nueces, almendras, yogur griego o queso cottage.
La avena de grano entero contiene betaglucanos, un tipo de fibra soluble que puede contribuir al control del colesterol y de la glucosa. Además, permite preparar desayunos calientes con canela, vainilla, fruta y otros ingredientes nutritivos.
En cuanto a la granola, puede incorporarse con yogur, fruta o queso cottage. La recomendación es revisar las etiquetas para identificar el contenido de azúcares añadidos, fibra y grasas saturadas, así como elegir productos que se adapten a las necesidades de cada persona.
Beas Magdaleno también señala que no es necesario eliminar por completo los alimentos favoritos. En cambio, aconseja evitar que los antojos sustituyan habitualmente las comidas completas, mantener una actividad física regular y procurar horarios de alimentación adecuados.
La clave está en reconocer las señales del organismo: si distintos alimentos resultan atractivos después de varias horas sin comer, podría tratarse de hambre física; si el deseo se concentra en un producto específico, podría ser un antojo.
De esta manera, es posible disfrutar de los alimentos reconfortantes durante los meses fríos sin descuidar los hábitos de alimentación.








